LA CHRISTIADA. FRAY DIEGO DE HOJEDA. 1610. XVII




 Y sabiendo también que el Padre  Eterno,

en sus preciosas manos puesto había

del ancho mundo el general gobierno

y del reino inmortal la monarquía;

humilde y amoroso, afable y tierno,

fuego en las almas y agua en la bacía

echa, y para lavar los pies en tierra

se postra el que en un puño el Orbe encierra...

Llegó, pues, Cristo: puso en tierra el vaso,

el lienzo apercibió, tendió la diestra,

y absorto Pedro de tan nuevo caso,

aun más no viendo que una simple muestra;

saltó animoso dando atrás un paso

(que al osado, el amor valiente adiestra)

y.dijo: «¿para aquesto me buscabas

tú a mí, Señor? ¿tú a mí los pies me lavas?»...

[...]

El agua que en sus palmas venerables

iba de puro gozo alborozada,

si no conceptos, voces admirables

formar quisiera, de ellas regalada;

y lavando los pies, en agradables,

gotas o ricas perlas desatada,

se desdeñaba de tocar el suelo,

por ser agua que estuvo sobre el cielo.






Opus

Auctor

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