Señor, que à torno el cielo rutilante mueve tu diestra y poderosa mano más que Neptuno el bravo, y inconstante orgullo enfrenas, del soberbio Oceano, y más que Eolo al suelo en un instante hieres con el rigor furioso, insano de los vientos, indómitos, que encierras, y sueltas en cavernas, y altas sierras. Entra en mi pecho, el corazón me apuras con el valor de tu sciencia,y arte, y augmentarás con ella la hermosura de mi Musa, y tu estilo en toda parte; tu espíritu me inflame en llama pura, y tus dones graciosos que reparte, iunte en mi acento, y tanto le levante que el origen del mundo, al mundo cante. Concedeme, o gran Padre omnipotente, que en breues cartas la beldad descriva de todo el universo,y la excellente hermofura de aquella imagen biva que tu grande saber pintò en su frente la mire, y lea, y que mi pluma escriva lo mas raro de aqueste grande abysmo, y que enseñando enseñe yo à mi mismo. (*) Opus