FÁBULA DE MIRRA. FERNANDO AFÁN DE RIBERA ENRÍQUEZ. 1631.
Canto un varón que en la mayor flaqueza
Ejecutó lo que el valor dictaba,
Y desechó la paternal terneza
Cuando vio que su hija le infamaba,
No consintiendo que en igual bajeza
Tuviese fuerza del Amor la aljaba;
Antes, venciendo juntos dos amores.
Fué ejemplo á valerosos amadores.
Cruel suceso es, y así querría
Que ni padres ni hijas me escucharan,
Y si alguno lo viese con porfía,
Creyéndolo, supiese en lo que paran
Los que al vicio se dan con demasía,
Y en el más torpe y bajo no reparan;
Para que pueda en tan nefando hecho
Sacarse de mi canto algún provecho
¡Oh musa! pues que es hoy la vez primera
Que pido tu favor, tu ayuda invoco:
Haz que mi canto diga en qué manera
Hace el valor tener la vida en poco.
Describiré una hija que quisiera
Morir por excusar un amor loco,
Y un padre que, sabiendo un caso feo,
La venganza tomó con el deseo.
Y tú, querido hermano, atento advierte
Mis rudos versos y mi pobre vena,
Porque, llegando á edad madura y fuerte,
Cuando solo tu nombre cause pena
Al Turco, más seguro de la muerte
(Pues son efetos de la fama buena),
Conozcas si mis fuerzas son bastantes
Para alabarte en versos elegantes.
Yace en el mar Egeo, hacia el Oriente,
Una isla fértil, abundante, amena,
Templada entre lo frío y lo caliente.
De varias flores y animales llena,
Donde el soberbio Tauro alza la frente;
Donde el Nilo famoso sulca arena;
Tiene á Rodas enfrente, y á Soria,
Y á la fértil Cilicia al Mediodía.

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