FÁBULA DE ATIS Y GALATEA. LUIS DE CARRILLO Y SOTOMAYOR. 1611
De cuál era marfil, la blanca mano,
o el peine que entre el oro discurría,
o si era el sol aquel que el océano
de sus hermosos rayos lo vestía,
o aquel que, altivo, de Titón anciano
la blanca esposa, pálido seguía,
dudoso el Etna, aún detenía, en su falda,
abrazadas las perlas de esmeralda.
En sus fuegos terrible y temeroso,
sacó la negra frente, y admirado
en ver de Galatea el rostro hermoso,
acrecentó su fuego enamorado;
y, estando atento, del volcán fogoso,
así escuchó, de humos coronado,
lamentarse la ninfa, de una suerte,
por larga vida y por temprana muerte:
«Con más galas mostraba el blanco día,
en manos de la Aurora, su tesoro,
y más hermoso el rojo sol vertía
de su ligero carro aljófar y oro:
resplandecientes ejes recebía
en su cerviz robusta el fuerte Toro,
y de Pirois y Etón, la blanca pluma
el aire y luz hendió, vertiendo espuma.

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